martes, 2 de agosto de 2016

CAMINANDO EN LA MONTAÑA





Hola amigos:

Hoy quiero incluir en este reportaje de “Las historias de mi Valle” la experiencia de un bonito recorrido que hace tiempo he querido realizar, pero que por las dificultades que dicho recorrido suponían, no encontraba el momento de decidirme a emprender.
Sin embargo, como siempre le escuché decir a mi madre, el peor puerto de cruzar es el de la puerta de casa, y después de animar a mis amigas y cuñadas, para que me acompañasen, ellas muy animosas y decididas estuvieron de acuerdo en que lo hiciésemos. Así que como lo que no se empieza no se acaba, hoy,  animadas por una tarde templada, que es mucho mejor que calurosa  emprendimos la aventura.
Cualquiera puede pensar, al hablar de dificultades,  que lo que íbamos a emprender, fuese la acometida al Himalaya. El amigo lector comprenderá que no será para tanto, sin embargo, es un recorrido que entraña bastantes dificultades y no esta falta de algunos peligros, cuando se contemplen las fotos seguro que muchos estaréis de acuerdo conmigo,  sin embargo somos unas compañeras que sin ser inconscientes, si somos algo intrépidas,( que no temerarias)y aunque esto sea lo menos importante, tampoco somos unas jovencitas “ saltacabras”, por esa etapa ya pasamos en nuestros años mozos, solo baste decir que la mas joven pasó la edad de la jubilación hace bastante tiempo.
Así que con mucho gusto, paso a hacer un relato en el que las fotos realizadas desde los sitios mas vistosos del recorrido serán lo que mejor ilustrará dicho recorrido. Espero que disfrutéis de todo lo que  la propia dificultad de la etapa en  marcha me permitió hacer.
         SENDA  MONTAÑOSA  QUE UNE LOS PUEBLOS DE CELUCOS Y OBESO-PEDREO.


       















  
  




Despues de este recorrido, que mas que eso fue una aventura, llegamos a avistar Puentenansa. Todavía nos queda , una vez bajada la montaña, un largo recorrido de casi una hora por la pista del monte que se ve en la foto, y que nos acerca al pueblo de Pedreo, para una vez en el, seguir la carretera hasta Puentenansa. Allí con un merecido descanso, nos tomaremos un cafetucho en una de las acogedoras cafeterías, para, una vez descansadas y muy contentas por el precioso recorrido, volver a nuestro pueblo, pero esta vez en coche y por la carretera que un tiempo antes contemplábamos desde la montaña frente a nosotras.
Solo me queda decir que fue dificultoso, y en momentos bastante peligroso, pero que mereció la pena, creo que no se cuando, ¡pero volveré!
                          Un saludo de    MARY PÉREZ.  DE CELIS.

viernes, 29 de julio de 2016

EL RECUERDO DE SUS VIDAS


Hace unos años publiqué en una revista local, la historia de recuerdo, de dos de los escritores que han sido muy importantes en la historia de nuestra provincia. Esta revista fue de tirada muy corta pues solo se distribuyó en nuestra Mancomunidad, donde precisamente empezó su andadura.
 Por ello he decidido que por la categoría de los personajes de que trataba, no estaría demás, reeditar aquel artículo, pues como lo titulé en su día, “Se merecen el recuerdo.”  Se trata nada mas y nada menos, que de los dos escritores costumbristas, que junto con Pereda, mas popularidad y conocimiento han dado a nuestra tierra, y que como seguramente ya habréis adivinado, se trata de Concha Espina, y Manuel  Llano. 
Aquel reportaje, que como digo, fue de tirada muy corta, se repartieron todos sus ejemplares, pues a nadie le es indiferente conocer mejor las vidas de unos escritores que tan bien nos han sabido representar, y que tanta categoría han dado a las historias y las vidas de nuestro entorno.
Voy a procurar no salirme mucho de lo que en ese relato escribí entonces, las cosas buenas, si están bien, y pueden enseñarnos, no porque se repitan, van a ser malas, muy al contrario, particularmente si un libro me gusta suelo releerlo, y seguramente que quien tenga como yo esa costumbre, encontrará en las sucesivas lecturas, muchos matices que le pasaron desapercibidos en las primeras, ¡¡Quien no ha vuelto a ver cuando ha tenido oportunidad una buena película, si de lo que trata nos ha llegado a interesar, o nos ha llegado al corazón!! Por todo ello espero que quien en su día leyó el artículo, y le gustó, no le importará volver a recordarlo, y a quien lo lea por primera vez, espero que les resulte ameno, de eso se trata, de que pasemos un rato entretenido, y aprendiendo, ( aquellos que no lo sepan) un poco mas de estas dos personas que como dije en su día. “Se merecen el recuerdo.”
El reportaje, al publicarlo ahora en internet, tiene una mayor difusión, y por ello lo voy a transcribir tal como lo hice en su día, este escrito, también fue dado a conocer en una publicación en la que colaboré hace unos años, y que también tuvo muy buena acogida, sin embargo hoy con la difusión de internet, puede llegar a mucha mas gente, y yo a través de mi blog, “Las historias de mi valle” quiero también que mucha mas gente las conozca.



    DESPUES DE ESTA INTRODUCCIÓN, PASO A RELATARLES EL ARTÍCULO, CON EL TITULO QUE LE DIO NOMBRE  “EL RECUERDO DE SUS VIDAS”

Hola amigos.   Hace una temporada, pasé por el valle de Cabuérniga en dirección a Torrelavega, cuando llegué a la comarca de Mazcuerras,  concretamente al pueblo de Luzmela, reduje el recorrido del coche, para contemplar en una pequeña glorieta, frente a una puerta, ---bastante pequeña por cierto- con hueco bordeado de viejas piedras de sillería, una escultura de una dama en actitud contemplativa. No dudé de que dicha escultura representaba a la que fue dueña y señora de la finca a la que daba acceso dicha puerta, y como muchos ya habréis adivinado, se trataba de la gran Concha Espina, cuya figura creo que en bronce, nos contempla sentada en una silla, con toda la serenidad y placidez, que seguramente hace años le darían la contemplación del precioso pueblo que vio nacer su vocación de escritora.

Para llegar a Cabuérniga, partiendo de la bifurcación de Puentenansa, a tres k.m  escasos , nos encontramos con el primer pueblo perteneciente al  Municipio de Cabuérniga,  Carmona.  Este pueblo sin querer ofender a los carmoniegos, es como un pie fuera del tiesto: solo dista, coma ya he dicho, escasos tres k. de Puentenansa, a cuyo Municipio ( Rionansa) parecería mas lógico que perteneciese, sin embargo, por aquellas cuestiones de aparcerías, puertos y montes, ni Carmona, ni Cabuérniga parecen querer soltar amarras para pertenecer a un Ayuntamiento mucho mas cercano y con mas facilidades para su desplazamiento.
Desde siempre los carmoniegos, han tenido que salvar una distancia de mas de doce k. para atravesar la famosa collada a la que da nombre el pueblo de Carmona, de seiscientos metos de altitud, para llegar al primer pueblo al otro lado de la collada, Valle.  Desde luego el nombre le viene que ni pintado, pues aquí se centra, tanto a derecha como a izquierda, uno de los  valles mas bonitos, y con mas historia que podamos encontrar. Su contemplación completa, seria parada obligada en una de las numerosas vueltas y revueltas en su descenso hacia el valle. Su mirador de la “Vueltuca” parece un cuadro pintado por el mas inspirado de los artistas, desde este mirador se puede apreciar una vega muy llana y muy verde, salpicada de pueblecitos que dan a la vista, toda la alegría y la gracia, de un valle de cuento de hadas.
Llegados al final del descenso, por la derecha, siguiendo la carretera, y dejando a uno y otro lada de la misma los bonitos pueblos que avistamos desde el mirador, llegaríamos carretera adelante a las primeras estribaciones de la subida del puerto de Palombera, salida natural a la comarca de Campoo, atravesando la mejor reserva de árboles autóctonos de nuestra provincia.  A esta reserva le da nombre el río Saja, este río cantado por poetas y escritores, riega y da riqueza al valle ayudado por los numerosos torrentes que lo alimentan en su recorrido hacia el mar, tal vez agradeciendo así el descanso de su descenso por la tranquila y llana cuenca por la que ahora discurre.
 Ala izquierda, bajando también la collada, la otra dirección, y en contrapunto a las montañas,  esta salida será al mar a las costas y al resto de la provincia.  También en esta ruta seguimos encontrando pueblos y casonas del mejor sabor montañés, aunque con el lógico crecimiento urbanístico, se esté edificando actualmente con estilos mucho mas modernos.  Sin embargo también hay que decir que las casonas montañesas con varios siglos de antigüedad, que todavía hoy se pueden contemplar, mas que nunca se procura su conservación, y sea por sus propietarios, o por los ayuntamientos, se toma  conciencia de su valor, para que este patrimonio no se pierda.  Son casonas palaciegas con arcadas de sillería, preciosos corredores con ricos artesonados, escudos de armas de apellidos ilustres, que por lo costoso de su mantenimiento, muchas veces sus propios dueños han ido dejando en un cierto abandono. Ahora parece ser,  como ya indico, los ayuntamientos están favoreciendo su conservación, concienciándose de que es un rico patrimonio que hay que conservar y proteger.
Siguiendo la carretera, nos encontramos con el pueblo de Sopeña, y aquí un indicador nos dice, que en este pueblo nació Manuel Llano, sin embargo el pueblo de Carmona también reclama como suyo el lugar de su nacimiento.  Se comprende que cualquiera de los dos pueblos quieran tener como uno de sus hijos, a una persona tan especial, a un hombre que desde que dio sus primeros pasos y tuvo fuerzas para sostener una cachaba y colgarse al hombro un zurrón, se dedicó a cuidar el ganado. Este hombre fue el “ Sarruján mas famoso de Cantabria, pues el mismo se dio a conocer con ese nombre, “El sarruján de Carmona” y tal vez por eso, y por lo mucho que recorrió  esas colladas cuidando el ganado de otros, ( que no el suyo, pues no lo tenía) fue dando forma a una inteligencia, con la que años mas tarde, y después de desempeñar otros oficios, en los que en alguno de ellos, como el mismo cuenta en sus escritos, tuvo que soportar muchas humillaciones, hasta poder darse a conocer.  Estudió magisterio y periodismo, llegando a ejercer en un pueblo cercano a Torrelavega,  -Helgeras- y mientras tanto, nos dio a conocer las historias de aquellos seres que creó en su imaginación, en aquellas correrías por los montes y las colladas de Carmona. 



  Los Ojáncanos, las Anjanas… estas al contrario que los ojáncanos, que eran seres malvados, que se escondían entre los peñascos de los montes y salían por las noches para hacer toda clase de tropelías,- eran una especie de hadas, o espíritus protectores, que recorrían las callejas de los pueblos, para advertir a las muchachas, que no debían de exponerse a salir solas de sus casas por las noches. Era célebre la leyenda de que si por cualquier circunstancia alguna lo había hecho, estas llegasen a sus casas despavoridas, y les dijesen a sus madres,¡¡ que unas anjanas les habían tirado de las faldas, ¡! estas al parecer se les enganchaban en los “ rajales “de las callejas, que las muchachas, con la oscuridad, tomaban por manos que querían llevárselas, y claro cuanto  mas corrían mas se les enganchaban sus faldas.
Estas como muchas otras, son leyendas de esos seres mitológicos, que la imaginación de Manuel Llano, nos dio a conocer. “ La braña” y “El sol de los muertos,” son entre otros, relatos que el escribió, y nada menos que un personaje tan importante como Miguel de Unamuno, que llegó a conocerlo y tratarlo, dijo de el, que era el mejor escritor costumbrista de relatos de su época.
Seguimos carretera adelante, y llegamos a la Venta de Santa Lucia, aquí un puente separa la carretera que va a Cabezón de la Sal, de la que atraviesa otro de los valles, que, junto con el de Cabuérniga, mas bonitos de nuestra provincia.  El valle de Mazcuerras:
Aquí vivió otra de las escritoras mas importantes de nuestra tierra,- creo que la mejor- que junto con Pereda y Manuel Llano, (aunque este creo que un poco mas tardío) son el trío de escritores costumbristas, que mas renombre han dado a la literatura de nuestra tierra, y de la que mas extensa ha sido su publicación, exceptuando a Manuel Llano, que murió  muy joven, contaba solo con cuarenta años, y por ello no tuvo tiempo de publicar otros trabajos.
Concha Espina, al contrario de Manuel Llano, nació en una familia pudiente y de mucho abolengo, su padre era un importante armador de barcos, ella en algunos de sus escritos, deja constancia de que lo primero que atrae su mirada, son los barcos amarrados muy cerca de donde ella nace, en la portuaria calle de Méndez  Nuñez, el llamado muelle de Naos,( notas tomadas de sus biógrafos.)  Muere su madre siendo ella muy jovencita, y a los veinte años se casa con otro de los apellidos de mas renombre de la Montaña. Ramón de la Serna y Cueto, viajan a Chile y se instalan en Valparaíso. De regreso a España viven en Mazcuerras y Cabezón de la Sal. Tienen cuatro hijos y uno que murió a la edad de siete años. Después de catorce años de matrimonio muy infeliz, Concha Espina toma la importante decisión de separarse de su marido. Sigo sacando vivencias de esta gran escritora, sobre todo del emotivo relato que una de sus nietas hace para la revista de Cantabria, a la cual suelo recurrir cada vez que necesito referencias fehacientes de los temas que necesito conocer.
Concha Espina toma entonces las riendas de su vida y decide dedicarse a lo que mas le había gustado siempre; escribir.  Empeña sus joyas y se traslada a Madrid, es en aquella capital donde empieza a publicar sus libros, libros en los que en su mayoría toca los temas que tiene mas cerca del corazón, los de su tierra, no en vano “La niña de Luzmela” es su primera novela. La seguirían muchas mas, dos de estas son de lo mejór que se ha escrito del estilo costumbrista “El Jayón” y “la Esfinge Maragata” aunque si uno hace memoria de lo mucho que escribió sería difícil decidir por cual de ellas el lector se decantaría.
En  “El Jayón” se vive el drama de la mujer que tiene un hijo con el hombre que le prometió matrimonio, pero que después de un tiempo alejado de la aldea, regresa casado con otra, y ante el abandono y su propia culpa por tener un hijo con un hombre casado, deja a su hijo recién nacido a la puerta de la casa del matrimonio, para que ellos puedan criarlo junto a los suyos, pues son familia pudiente. Se cría junto a su hermano, y el drama continúa hasta el último momento, pues aunque su padre lo quiera tanto o mas que al hijo legítimo, para las gentes de aquella época este niño siempre fue el Jayón.


“La Esfinge Maragata” lo escribe durante un tiempo que pasa en León, en casa de unos familiares, y se inspira en la vida que llevan aquellas mujeres de la zona de la maragatería, en un tiempo en el que para poder buscarse la vida los hombres emigran fuera de su tierra, muchas veces al otro lado del mar, la protagonista, tiene que sacrificar su felicidad como salida desesperada a una situación familiar que le resulta insostenible, pero sobre todo en el trasfondo de esta novela se puede ver la miseria y falta de oportunidades de unas mujeres que se ven obligadas a aceptar lo que sus familias les imponen, convirtiéndose en esfinges, que sacrifican su vida y su felicidad, muchas veces por la conveniencia de sus familias.
En León escribiría también, otra de sus mejores novelas. “El metal de los muertos” esta vez ambientada sobre el trabajo de los mineros, que también causarían una fuerte impresión en su vida .
 Concha Espina es muy creíble, por que escribía lo que veía y lo que tenía mas cerca del corazón, por eso sus novelas, llegaban a la gente, y se publicaba todo lo que salía de su pluma.
 “Altar mayor”  “ Despertar para morir”  “Agua de nieve” “ El cáliz rojo”… y muchas mas que tendría que tener memoria para recordarlas.
Creo que leí en alguna publicación, que a Concha Espina solo le faltó un voto para ser premio Novel de literatura.  En Santander, el rey Alfonso XIII, innaguró un monumento a la escritora, en el que se la representa en una serena madurez, junto a una fuente, en los jardines de Pereda, en cuyo homenaje, estuvo acompañada por la familia real de entonces. No olvidemos que la familia real veraneaba en Santander y siempre tuvieron muy buena relación con la escritora y su familia.

Con ser muy importante la vida y la obra de la escritora, la de su hijo el gran periodista Víctor de la Serna, no la siguió de muy  lejos. Fue también un escritor muy reconocido en todos los centros literarios de la Nación, siempre reivindicando su tierra y su porción de corazón hacia su Mazcuerras del alma. A el se debe la entrañable inscripción, en el monumento que dedicó a los “foramontanos” que salían de estos valles por el puerto de Palombera camino de Castilla, en un emocionado alegato al trabajo de aquellos hombres.  “Aquí empieza eso tan grande y hermoso que se llama España”.  Estas gentes en su mayoría, eran canteros y carreteros, que por cierto dejaron muchas muestras por el resto de la Nación de su buen hacer.
Lo que si tubo en vida Concha Espina, fue el reconocimiento de su importante obra literaria.  Se le concedieron multitud de premios, entre ellos, el Premio Nacional de Literatura.  La Cruz de Isabel la Católica, o el premio Fastenrath,-  premio concedido precisamente, por la novela “La esfinge maragata”. Y como apunto en otras líneas, fue la primera mujer que estuvo a un paso de serle concedido el premio Nobel de literatura. Y eso en una escritora que en los últimos años de su vida, se quedó ciega, pero ella, con su gran fuerza de voluntad, se las ingeniaba, para, guiándose por una falsilla, seguir con una vocación que fue el motor de su vida.
                              SIEMPRE VIVÍ EN LA MONTAÑA,
                               Y MORIR EN ELLA QUIERO,
                               QUE CORRE EL AIRE MAS PURO,
                                 Y ESTOY MAS CERCA DEL CIELO.
 

Espero que les guste este recorrido que mi memoria, ayudada por las referencias de su vida, escrita por sus biógrafos, y los repasos por algunas de sus novelas, les he podido relatar, y así hará que todos nos animemos a darle un repaso a todo lo mucho y bueno que ella nos dejó escrito.
                                   MARY  PÉREZ.  DE  CELIS.
                                                                     
        
      
   
  


sábado, 25 de junio de 2016

AQUELLAS GUAPAS MUCHACHAS




 
 Hola amigos,
Con mucho gusto sigo dando salida a los reportajes que hace unos años ya tenía publicados.
Hoy  con la difusión de  internet , hace que cualquier tema llegue con una pasmosa inmediatez,  a cualquier rincón de cualquier parte, así algunas de las personas que se sienten identificadas, sabrán que su historia y su tiempo no han caído en el olvido
Por eso me hace ilusión, que un artículo que escribí hace algunos años para una publicación, en la que colaboraba, hace que pueda ser leído  por mucha mas gente.  Para mi esto es como un pequeño homenaje a las personas a las que fue dedicado.  Este artículo salió con el nombre de “Aquellas guapas muchachas”. Desde luego el nombre no le podía hacer mas justicia, pues hoy que han pasado tantos años, me queda la satisfacción, de que en algún lugar de cualquier parte del mundo, habrá alguien que no dudará en confirmar, que aquellas fueron unas preciosas  muchachas , y el recuerdo de cómo pasearon su belleza, a pesar de los tiempos tan difíciles que les tocó vivir, será algo que ya nadie les podrá quitar, y estará en su recuerdo para siempre.
 Paso pues a transcribir el relato del artículo que en su día di a conocer y que como digo es algo que servirá como un pequeño recordatorio que me gustaría que conservasen en su memoria.
                                    

 “AQUELLAS    GUAPAS     MUCHACHAS”
Desde hace bastante tiempo, me rondaba en la cabeza, dedicar un artículo a recordar a todas aquellas muchachas que en los años 40, 50, y 60 “moceaban” en mi pueblo,- que es como decir en cada uno de los pueblos en los que transcurrió su vida.-  Y me refiero a estos años, porque  de alguna forma, son  los que quedan en la memoria de las personas que mas me pueden hacer referencia a ellos, además de la que yo misma conservo de aquel tiempo.
De los años cuarenta solo se lo que he ido recopilando, pues como nacida en el límite de esa década, solo lo se por referencias escuchadas a quienes los vivieron.
 En conversaciones que he tenido con las que fueron unas guapas muchachas de entonces, he podido hacerme una idea de cómo eran sus vidas en aquellos años.

Si hacemos caso a los detractores de que en un tiempo pasado todo era muy malo, que había mucha miseria, muchas necesidades, podemos creer que para estas muchachas la vida tenía que ser muy triste, muy deprimente… Sin embargo como para todo en la vida, se tienen que escuchar las demás opiniones. De estas tengo que decir que las hay mas a favor que en contra, por lo que me cuentan, habría una  de cal y otra de arena, lo cual está muy bien,  pues eso mismo pasa ahora. Siempre he puesto muy en cuarentena a quienes hablan mal de todo lo pasado, parece gente acomplejada por asumir un tiempo en el que también había personas que disfrutaban mucho de lo que tenían, tal vez un poco ingenuamente, tal vez bastante ignorantes de muchas de las problemáticas de la situación de aquel tiempo, pero que como digo, disfrutaba de lo que tenia,  y que fue aceptando la vida como le iba llegando,( dichosas ellas).

 Fueron personas que hoy día se sienten muy satisfechas de lo que fue su vida, pues me dicen que si ponen en una balanza, no creen encontrar en este tiempo humanamente tantas mejoras, en muchos casos solo ven bastante  insatisfacción y algo de aburrimiento.  Aquellos eran tiempos de muchas carencias, pero eran tiempos de mucha ilusión, de ganas de disfrutar el día a día, ilusión por ir cubriendo etapas, como disfrutar de la juventud, mas tarde formar una familia, criar unos hijos, acondicionar una vivienda, ..tal vez hacerse a unas fincas, y unas pocas vacas,(pues no olvidemos que ésta es tierra ganadera)   superar los obstáculos con trabajo y con ilusión,… malos tiempos y malos ratos no habrán faltado ni antes ni ahora, y por supuesto , satisfacciones, e insatisfacciones, seguro que las habría antes y las habrá ahora.

De algunas de las mujeres con las que tengo mis charlas, y me cuentan sus historias y sus vivencias, me resulta pasmoso lo bien que se lo pasaban en sus años mozos. Yo les digo que con tantos trabajos y tantas carencias, no serian tiempos con muchas ocasiones para divertirse, sin embargo ellas me contestan, ¡¡Que va!!, había de todo,  tienes razón en que adelantos no había,- no como los que ahora disfrutamos- pero tu ves a la gente que se lo pase ahora mejor? sobre todo a los mas jóvenes?  Nosotras aprovechábamos los días de fiesta a tope, lucíamos los pocos vestidos que podíamos estrenar con toda la ilusión de saber que pasaría mucho tiempo hasta que pudiéramos estrenar otro, y desde luego cuando nos lo compraban no había nada que nos hiciera mas felices.


La verdad es que cuando contemplo fotos de jóvenes de hace muchos años, me quedo pasmada al ver lo guapas que eran, y lo mucho que lucían. Con aquellos vestidos floreados, o a rayas, con aquellas faldas de amplias “campanas” y sus cinturas estrechadas por anchos cinturones,-muy a la moda.-  O las famosas faldas “tubo” que tanto las favorecían, incluso las medias con costura, que en aquellos años eran una necesidad, pues no había otras, pero que tanta gracia les daba a sus  piernas.   En fin yo pienso cuando las contemplo, que aquellas eran unas guapas muchachas, que lo que estrenaban lo lucían, que tenían formas, que estaban bien hechas ,… que pasados unos años se estropeaban mas que las de ahora,  pues si, todo hay que decirlo,  hoy una muchacha de35 o 40 años puede parecer mas joven que las de 20 o 25 de hace años…también la estética y el acceso a los cosméticos  que ahora tenemos, no lo tenían entonces, pero los años de su lucimiento, estas jóvenes no tendrían para nada que apartarse, para que pasasen cualquiera de las chavalas de hoy día, ¡ni mucho¡ menos, y desde luego sus años mozos los lucieron en todo su esplendor.
Muchas que éramos unas crías en aquellos años, recordamos aquel baile dominguero en el Salón del Pasiego. “El Portalón, ” y como al compás de los pasodobles o las rumbas, de las baladas de Jorge Sepúlveda, o de las de Antonio Machín, de los corridos mejicanos del gran Jorge Negrete, o de aquellas cumbias que ya empezaban a sonar en nuestro baile, en aquellos discos microsurcos que, Memes, yerno de Jesús “el Pasiego”, y la persona que mas hizo en décadas por Celis, nuestro pueblo, fuese el mas importante, y el que mas gente atraía de toda la comarca, y quien los compraba, para que la juventud siempre estuviese a la última en conocimiento musical.
Con los años, la generación a la que pertenezco, fuimos tomando el relavo de las que ya estaban en otras obligaciones, seguramente casadas, y con hijos, y siguiendo la vida en otros derroteros, aunque sin por ello dejar de tener muy presentes los días mas señalados de nuestras fiestas, y salir a divertirse como cuando estas obligaciones no les ocupaban tanto tiempo.

Hace años, en los días cuaresmales, en el Salón del Pasiego,  no había baile, la religiosidad se vivía  de forma mas estricta, o mas recogida, sin embargo era un tiempo muy divertido, pues al no poder acudir como cada domingo al baile del Portalón, la juventud se buscaba otros entretenimientos. Si el tiempo era lluvioso, en el mismo salón se jugaba a las “prendas” o a la “banderita” o al “pañuelo” Eran juegos muy entretenidos, y en todos participaban lo mismo los chicos que las chicas, también se jugaba al “ corro” cantando canciones alusivas al propio juego, las tardes se pasaban casi sin darte cuenta, claro que entonces nuestra hora de retirada, no iba mas allá de las diez de la noche, las parejas que cortejaban entonces, se paseaban por la carretera, o sentadas en los listones de las portillas de alguna finca, de las que bordeaban la carretera, y los ratos de mas intimidad, pues los podían tener, cuando ya de retirada, cortejaban un rato, sentados en algún banco a la puerta de la casa de la novia. ¡¡ que lejos quedaba, el desparpajo con que ahora las muchachas llevan a sus casas a sus amigos, novios, o lo que está mas de moda, ¡compañeros! Son otros tiempos, de eso no cabe ninguna duda.+
Si el tiempo era soleado, otro de los entretenimientos de la chavalería, consistía en reunirse en algún prado jugando al “escondite” o sentados en grupos contando anécdotas vividas por cualquiera de ellos, en los que no faltaban las bromas o los chistes recurrentes. Tengo que decir que de las reuniones de estos grupos se formaron muchas parejas que hoy ya son abuelos, por todo ello, el que no se pudiese bailar durante las cuatro o cinco semanas cuaresmales, no significaba que la juventud no se lo pudiera pasar estupendamente.
Por la semana eran pocos los ratos para el entretenimiento, los quehaceres eran constantes, pero también había algún que otro momento, y si no lo había se buscaba.

 De estos el mas socorrido era por las tardes cuando se aprovechaba para ir a la fuente. Como ya he referido en otras ocasiones, hace años, cuando las mujeres iban a por el agua, se aprovechaba para echar unas charlas si se encontraban allí con otras vecinas, pero esto lo mas normal era durante el día, por la tarde eran las mas jóvenes, las que buscaban la ocasión de poder ir a la fuente, y solían ponerse de acuerdo entre ellas, pues ese rato lo disfrutaban para conversar sobre los temas que mas les interesaban, como cambiar impresiones sobre los últimos muchachos que habían llegado al baile, si eran simpáticos, si eran guapos, si habían quedado en volver al domingo siguiente….

Otra de las costumbres de hace años, era que en las tardes del otoño tardío, y el invierno, cuando los días se acortaban, y los trabajos del campo estaban acabados, las muchachas acudían a aprender a coser.  En el pueblo había dos modistas, que se repartían las clases, estas eran, mi abuela Luisa, y Rosa, “La nena” eran años en que apenas se compraba nada confeccionado, y como decían sus madres, por lo menos que aprendan para ellas. En ese tiempo, ayudadas por las modistas, estas muchachas se confeccionaban sus vestidos, que para el diario podían ser de telas sencillas, con vistas al verano, pero para las fiestas estos se le encargaban a las modistas, pues las telas eran escogidas con mucho esmero.

 También existía mucho secretismo, sobre todo con los vestidos que se lucirían en las fiestas patronales, para lo cual estas modistas no dejaban que ni un solo retal se conociese hasta el día de la fiesta.  Lo cierto  era que las madres eran las mas interesadas, en que nadie supiese de antemano, como serian los vestidos de sus hijas, y claro, las modistas ponían todo de su parte para defender su parroquia.
Yo esto lo sufrí  siendo una cría, pues por mi afición a hacerle los vestidos a una pequeña muñeca que siempre llevaba  en mi bolsa de los trapos, no se me permitía tocar ninguno de estos retales hasta que pasaba la fiesta.
 Como digo a las casas de estas modistas, acudían casi todas las jóvenes del Concejo. Cada una de ellas se repartían un buen número de muchachas que,  aprender no se lo que aprenderían, todo iría en función de la afición que le pusieran. Lo cierto es que a ellas les encantaba acudir al taller, pues era otra forma de pasar la tarde en animada compañía, y… bueno algo..algo… si que aprenderían. Esta costumbre se alargó durante bastantes años,  muchos diría yo, pues como nieta de modista, lo que yo recuerdo, era como todos los inviernos  la sala de mi abuela se llenaba de muchachas. Lo que yo no sabía entonces, es que pasados los años, y cumpliendo un deseo de mi abuela, de la que guardo el mejor de los recuerdos, y que siempre vio en mi una gran afición por la costura, con el tiempo yo también tuve mis principios en su taller, y también fui modista, y como ella, con el tiempo, también enseñé a otros grupos de aprendizas. De esas muchachas conservo hoy en día muy buenos recuerdos. Pero esto ya formaría parte de otra historia.
Otra de las costumbres que duró muchos años, y en la que participaban de muy buena gana la chavalería de entonces, era cuando en el otoño, en la recogida del maíz, se hacían las “deshojas” Esta costumbre, era muy propia de la zona de Rionansa, donde siempre se sembraron buenas tierras de maíz, y solían hacerse en las casas mas pudientes, en las que, como es lógico, la recolección era mucho mayor. Las “ desojas” consistían en que una vez almacenado el maíz en algún desván, pajar, o cuadra, se pasaba aviso a quien quisiera acudir, unos días de la semana,-normalmente era por la noche, pues por el día cada cual ya tenía sus propias obligaciones,- para ayudar en este menester.

 Como era una tarea muy entretenida, nunca faltaban voluntarios, sobre todo entre la gente mas joven, pues era una buena excusa para pasar juntos unos buenos ratos. Las tareas se repartían, entre unos que deshojaban, y otros que seleccionaban el mejor maíz para el consumo y la siembra,  ( apartando el peor, para el consumo de los animales), y así trasladándolo a sus lugares correspondientes. Si los propietarios de estas “deshojas” eran un poco rumbosos, al final de la tarea, se podían asar unas castañas, y se repartían unas “copucas” de anís, para rematar el trabajo. Esta costumbre venía de muy antiguo, y ya en mi época casi había caído en desuso,  y aunque todavía se hacia alguna de tarde en tarde, yo casi no las recuerdo. Por supuesto recuerdo las que se hacían pero cada uno en su propia casa, y desde luego cada vez menos.
Lo que sí tuvieron mucho auge hace años en el pueblo, fueron las fiestas navideñas, eran unas veladas, que, aprovechando, la salida por la noche a la misa del gallo, en los bares del pueblo, se convidaba a los parroquianos a chocolate. Era una forma de alargar la noche, y que a la juventud nos venía muy bien, los bares de Quico y Memes, atraían, junto con el de Casa Jandro en el barrio de “La Coterona” toda la juventud, para lo cual Memes no dudaba en abrirnos el “Portalón” para bailar. Esta costumbre se trasladó también a la Nochevieja, y aunque no teníamos en esta ocasión la excusa de la Misa del gallo como en Nochebuena, al ser la noche que era, nuestros padres nos dejaban trasnochar, eso sí, por ser una noche en la que también a ellos les gustaba salir un rato después de la cena, al fin y al cabo era el último día del año, y Celis se animaba mucho en estas fiestas, sino a santo de que nos iban a dejar en libertad hasta las tantas, si hasta en las fiestas del pueblo teníamos marcada la hora de volver a casa. Lo mismito que ahora hace la juventud actual.  Lo cierto es que esta costumbre atraía un verdadero hervidero de chavalería de otros pueblos, y durante muchos años esto dos días eran los  mas esperados en Navidades.

No quiero dejar pasar la ocasión, para hacer un recuerdo de  homenaje a los propietarios de estos bares, que fueron durante muchísimos años el buque insignia de la época de mayor esplendor del pueblo de Celis,  como nunca mas sería conocido.
Aquella época pasó, hoy la juventud tiene otras formas de divertirse. Lo que en los años 40 50 y 60 fue el “Portalón”, paso en los 70 a ser un moderno Salón Recreativo, muy en línea con las mas modernas salas de fiesta de cualquier villa o ciudad de mucha mayor importancia. Lo malo –si es que se le puede llamar así- fue que lo que esta moderna sala de fiestas gano en renovación, lo perdió en espontaneidad, pues como ya he dicho en otras ocasiones, el salón del pasiego era un baile abierto, al que podía entrar todo el mundo. Los niños jugábamos y corríamos entre las parejas de bailarines, estorbando y ganándonos algún que otro empujón. Las personas mayores también pasaban allí sus buenos ratos, las madres no perdían ocasión de ver lucirse a sus hijas, y de paso enterarse de quienes las rondaban. Todo esto se acabó con la nueva transformación de lo que siempre fue un gran “Portalón” que en el invierno se cerraba con unos listones de madera, que se colocaban sobre el murete o pared que lo rodeaba como a media altura. Adosado a este, un banco de obra paralelo al murete, servía de asiento entre baile y baile. Dos amplias ventanas, una enfrente de la otra, que se cerraban, o se abrían, dependiendo del tiempo,  y alumbrando cuando anochecía por unas cuantas bombillas en el techo. En el verano se desmontaban los tableros, y el salón era un lugar totalmente abierto.


Fue un lugar muy recurrente en el pueblo, pues además del baile dominguero, en el se celebraba cualquier  evento que fuese necesario, lo mismo servía para tratar temas del pueblo, que hacía de improvisado teatro para aquellas compañías ambulantes, que hace muchos años recorrieron nuestros pueblos, y aunque su representación fuese mejorable, culturalmente hay que reconocer que aprendimos mucho con sus actuaciones.
En este salón nadie pago nunca por entrar en el, claro que los pocos gastos que generaba este local, se suplían con la cantidad de parroquianos que acudían al bar del mismo propietario, y que estaba situado justo enfrente del salón del baile.
Como digo, todo esto se acabó con la moderna sala de fiestas en que fue transformado dicho salón. En el se realizó una obra que lo cerró totalmente, se instaló una moderna barra de bar, se colocaron en el techo las también modernas luces sicodélicas giratorias de colores, se tapizaron los bancos de obra con mullidas telas,… y lo mas importante, en la puerta un portero impedía la entrada a todo aquel que no pagase su correspondiente entrada con derecho a consumición. Fueron años en que Celis fue el punto de encuentro de gente de cualquier punto de la provincia, y de esto dan fe los muchos matrimonios que se formaron entre las jóvenes del pueblo, y los muchachos que aquí acudieron. Por cierto hoy siguen viniendo, ya que muchos de estos matrimonios ( que ya cuentan con nietos) les gusta venir a sus casas del pueblo.  Seguro que en sus memorias, acudirán de vez en cuando los recuerdos de aquellos años.
Pero lo que nunca dejó de tener, ni antes , ni después el pueblo de Celis, y su Concejo, fueron las guapas muchachas que tanto lucimiento dieron al “Salón del Pasiego”, y como no, las que consiguieron que el baile de Celis fuese un referente de la juventud durante muuuchas décadas.   ¡¡¡¡Que tiempos!!!!          
                        UN SALUDO DE   MARI PÉREZ.   DE  CELIS